Islas de recogida de residuos en intralogística: de la gestión operativa a la economía circular
Cómo las islas de residuos están transformando la gestión sostenible del almacén, convirtiendo los residuos en datos útiles para optimizar procesos, mejorar la trazabilidad y avanzar hacia modelos logísticos más circulares.

En el almacén moderno, cada movimiento genera información, pero también genera residuos. Cartón, plástico, film, flejes, madera, envases o determinados residuos procedentes de equipos y maquinaria forman parte del día a día de cualquier operación logística. Gestionarlos correctamente ya no es únicamente una cuestión de orden y limpieza: afecta a la seguridad, la eficiencia, el cumplimiento normativo y la sostenibilidad de las operaciones.
En este contexto, las islas de recogida de residuos se están convirtiendo en un elemento cada vez más importante dentro del diseño y la gestión de los almacenes. Su función va mucho más allá de colocar varios contenedores juntos. Bien diseñadas, permiten integrar la gestión de residuos en el propio flujo logístico, facilitar la separación en origen y generar información que puede utilizarse para mejorar los procesos.
¿Qué es una isla de recogida de residuos?
Una isla de recogida es un espacio delimitado, señalizado y organizado dentro del almacén donde se concentran los recipientes destinados a la separación selectiva de los residuos generados durante las operaciones logísticas. Su ubicación es fundamental.
Una isla situada demasiado lejos de las zonas donde se genera el residuo obliga a los operarios a realizar desplazamientos innecesarios y puede favorecer una incorrecta clasificación. Por el contrario, situarla cerca de recepción, picking, packing o expediciones facilita la separación y reduce movimientos.
Por eso, el diseño de estas islas debería formar parte del propio diseño del almacén. Al igual que se estudian los flujos de mercancías, los recorridos de personas o la ubicación de los puestos de trabajo, también conviene analizar dónde, cuánto y qué tipo de residuos se generan. Una correcta segregación permite separar cartón, plástico, flejes, madera y otros materiales, así como aquellos residuos que requieren una gestión específica. El objetivo es sencillo: que cada flujo pueda recibir posteriormente el tratamiento más adecuado, favoreciendo su reutilización, reciclaje o valorización.
Normativa: la gestión de residuos también forma parte de la operativa
La gestión de residuos está sometida a un marco normativo que obliga a las empresas a prestar atención a su almacenamiento, separación, trazabilidad y tratamiento.
En España, la Ley 7/2022, de residuos y suelos contaminados para una economía circular, establece como regla general la recogida separada y contempla obligaciones específicas para los residuos comerciales e industriales. También establece que los productores y poseedores deben garantizar una correcta gestión y, cuando corresponde, entregar los residuos a gestores autorizados y disponer de la correspondiente acreditación documental.
Esto tiene una consecuencia directa en el almacén: la gestión de residuos debe integrarse en los procedimientos operativos. No basta con colocar contenedores. Es necesario definir qué residuos se generan, cómo deben separarse, dónde se almacenan temporalmente y cómo se realiza su retirada.
Además, cuando existen residuos peligrosos o materiales que requieren un tratamiento específico, las condiciones de almacenamiento, identificación y gestión deben adaptarse a sus características.
Por tanto, una isla de residuos debe diseñarse teniendo en cuenta conjuntamente criterios ambientales, operativos, ergonómicos y de seguridad.
Del contenedor al dato
Durante años, la gestión de residuos en un almacén podía resumirse en tres acciones: generar, recoger y retirar. La digitalización está cambiando este modelo. Sensores de llenado, sistemas de pesaje, identificación mediante códigos o herramientas de monitorización permiten conocer cuánto residuo se genera y cuándo es necesario realizar una retirada. Esta información puede ayudar a optimizar las rutas de recogida y evitar tanto desplazamientos innecesarios como la saturación de los contenedores.
Pero el verdadero potencial aparece cuando los datos de residuos se relacionan con la actividad del almacén. Conocer cuánto cartón genera una determinada zona de preparación de pedidos, cuánto plástico se produce en expediciones o cómo evoluciona la generación de residuos en función del volumen de actividad permite detectar ineficiencias y oportunidades de mejora. El residuo deja así de ser simplemente algo que hay que retirar y se convierte también en un indicador del funcionamiento de la operación logística.

De la recogida selectiva a la economía circular
La evolución más interesante consiste en pasar de una lógica basada en eliminar residuos a otra orientada a recuperar valor de los materiales. Un almacén puede generar grandes cantidades de cartón, plástico, madera o determinados embalajes susceptibles de reutilización o reciclaje. Separarlos correctamente desde el origen facilita su posterior valorización y puede contribuir a reducir tanto el impacto ambiental como determinados costes de gestión.
La pregunta deja entonces de ser únicamente “¿dónde depositamos este residuo?” para convertirse en “¿qué valor tiene este material y qué podemos hacer con él?”. Esta perspectiva conecta directamente la gestión de residuos con los principios de la economía circular, buscando mantener los materiales en uso durante el mayor tiempo posible y reducir la cantidad que termina destinada a eliminación.
El futuro: islas inteligentes conectadas al almacén
La evolución apunta hacia islas de residuos cada vez más conectadas con los sistemas de gestión del almacén. Sensores, sistemas de identificación, cuadros de mando y herramientas de análisis permitirán conocer con mayor precisión qué residuos se generan, dónde y en qué cantidades. Estos datos podrán utilizarse para generar alertas, optimizar las recogidas, identificar patrones de generación y, sobre todo, detectar oportunidades para reducir residuos en origen.
Además, la gestión ambiental está adquiriendo una dimensión cada vez más vinculada al desempeño y a la información corporativa. En este contexto, ISO 14001:2026, publicada en abril de 2026, refuerza el enfoque hacia un desempeño ambiental medible y mantiene la gestión de residuos y recursos dentro del marco de los sistemas de gestión ambiental.
Las islas de recogida de residuos representan, en definitiva, una pequeña infraestructura dentro del almacén, pero pueden tener un impacto mucho mayor del que aparentan. Bien diseñadas permiten ordenar los flujos, mejorar la operativa y facilitar el cumplimiento ambiental. Cuando además se digitalizan y se conectan con los sistemas de gestión, se convierten en una fuente de información para construir una intralogística más eficiente, sostenible y circular.
Porque el almacén sostenible no es únicamente aquel que genera menos residuos, sino aquel que sabe qué residuos genera, por qué los genera y qué valor puede recuperar de ellos.
